Los pioneros del teatral argelino, son Tahar Ali Chérif, Allalou, Mansali, Aziz Lakhal, Brahim Dahmoun, Allel Lafraoui, Mahieddine Bachtarzi. Desde el principio, los temas propuestos al público ponían de relieve la identidad cultural de los argelinos, su existencia, su personalidad, su idioma.

La actividad teatral podía desarrollarse en varios lugares: teatros municipales, salas de fiestas, baños moros, cafés, plazas públicas… En las décadas siguientes, Argelia contaba ya con una treintena de compañías teatrales, constituidas de manera autónoma o relacionada con asociaciones culturales o con organizaciones sindicales. Los años 40-50 han visto otras famosas caras tal Mustapha Kateb, Rachid Ksentini, Mohamed Touri, Abderrahmane Kaki, Allal El-Mouhib.

En los 50, un partido nacionalista decidió crear su compañía de teatro, a partir de 1958, durante la guerra de liberación nacional, fue creada en Túnez, la compañía del Frente de Liberación Nacional (FLN) cuyo animador principal era Mustapha Kateb. Su objetivo utilizar el teatro como medio de comunicación del mensaje de los argelinos en su lucha por la independencia. 1963, ha visto el nacimiento del Teatro Nacional Argelino como institución nacional de promoción del arte teatral. También fue creada la Escuela Nacional de Artes Dramáticas de Bordj-El-Kifan.

En los primeros años de la independencia y en su larga trayectoria artística la compañía del Teatro Nacional Argelino representó muchas obras en su propia sede, la Opera de Argel: “Los hijos de la Casbah” de Abdelhalim Raïs; “Hassen Terro” y “El-Ghula” de Rouiched; adaptaciones universales como “El círculo de tiza caucaso” de Bertold Brecht”, “Rosas rojas para mí” de Sean O’Casey, “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, “Don Juan” de Molière, “Los perros” de Tom Brulin, “El sultán turbado” de Tawfiq El-Hakim, “La fierecilla” de Shakespeare, “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca, etc. Esta compañía realizó también “Le cadavre encerclé” y “L’homme aux sandales de caoutchouc” de Kateb Yacine; “Africa ante uno”, “El Guenaba ua Salhin” de Abderrahmane Kaki… Durante los años ochenta había un teatro con características diferentes, donde se utilicé procedimientos narrativos como la prosa y la poesía arraigadas en la riqueza del dialecto argelino. Con ello la obra cobra mayor potencia y su impacto en el público es mayor que el producido por el tipo clásico. Algunas de estas obras son: “Babur ghraq (Se ha hundido el barco) de Slimane Benaissa, “Lagual” y “Lechued” de Alloula, “Hafila Tasir” (Pasa el autobús) adaptada de “El ladrón de autobús” del egipcio Ihsan abdel Qudus por Azeddine Medjoubi.

La pintura argelina se desarrolla a partir del siglo veinte, paralelamente al movimiento nacionalista. Las artes plásticas nacen de una doble herencia: la herencia colonial que tuvo un impacto innegable sobre la pintura y la herencia cultural argelina nacida de la voluntad de los artistas deseosos de desarrollar un arte argelino ligado a las tradiciones culturales propias de Argelia. Desde estas primeras tentativas, la pintura evolucionó mucho con esta idea de doble herencia que marcó con sus huellas el período post-independencia. Fue así como en los años sesenta, un buen número de artistas jóvenes, que se desplazaron a París, tales como Benanteur, Issiakhem, Guermez, Khadda, Aksouh… introdujeron nuevos conceptos como la abstracción y se interesaron por la utilización del signo como acto de salvaguardia del lugar con su cultura de origen. Gracias a estos artistas fue restituyéndose el lugar con la memoria a través de la caligrafía o la simbología berebere. La década de los años setenta ve la emergencia de nuevas caras como Akmoum, Zoubir-Hellal, Mesli, Chegrane… que siguen el mismo camino de los mayores utilizando también símbolos. Los años ochenta y noventa ven cómo nace una nueva forma de pintura que echa mano del neo-fauvismo y del neo-expresionismo. Esta experiencia es el reflejo de la inquietud y la angustia que resienten los argelinos como consecuencia del terrorismo que conoció el país durante este período. Destacan los artistas S. Djeffal, A.A. Mameri, Belhachmi, Aït Harra, Sergona, etc. Paralelamente a este movimiento, otros artistas adoptaron un estilo introspectivo, meditativo donde resaltan formas más figurativas: Pertenecen a esta movida artistas como Bourdine, Louaïl, Oulhaci, Ali Khodja… Sus obras se caracterizan por un estilo donde sobresale una visión subjetiva y no realista. Otra corriente, llamada tradicionalista, ocupa la escena de las artes plásticas al lado de las demás corrientes citadas anteriormente; sus representantes son Bencheikh, Sahouli, Sahraoui, Krim. Sus obras están formadas por paisajes locales, escenas de guerras, miniaturas, retratos. Mujeres pintoras Las mujeres argelinas han todavía dejado sus sellos femeninos en el arte de pintura como sus amigos hombres. A través sus pinturas han exprimido sus emociones y condición de vida y la vida de sus hermanas argelinas. Esas artistas lo que hicieron ya desde sus principios como mujeres pintoras, era ir conquistando espacios y abriendo caminos a la historia del arte femenino en Argelia. Tras la independencia, se ha hecho posible la formación artística de la mujer. Aunque son poco representadas, estas mujeres existen. De la generación de los años 60-70, se puede citar a S. Belbahar, A. Haddad, L. Ferhat… Algunas de las que forman la generación siguiente son N. Sadoun, A. Zerrouki, F. Bisker… Son mucho más numerosas las más jóvenes cuya mayoría ha salido de la Escuela de Bellas Artes de Argel. Todas ellas exigen que se las mire como a mujeres artistas. Su arte está dividido entre la audacia exterior de las formas, de los colores, de la composición de su obra y su exilio interior por ser mujer y artista a la vez.